Una confesión sincera he de hacer: Soy drogadicto, desde hace tres años, la más poderosa droga he probado, pues de tu amor, Teresa, me he eternamente enganchado, y por ello en una dulce y cálida cárcel vivo convicto. Más ningún reo pena como ésta pudo jamás anhelar, pues de su conducta soy yo juez y jurado, y ningún abogado nunca capaz será de apelar, ya que este delito con absoluta convicción he consumado. Pero no pienses que de alguna acción me arrepiento, porque actúo con pleno y total conocimiento, y entre estos vigorosos barrotes eternamente he de vivir, por siempre, pues de esta cárcel jamás desearé salir. Y si algún día a mi celda tu te quieres acercar, no te preocupes, pues poco tus pies habrán de caminar, ya que este confín en el que mi alma está presa, no es otro que tu apasionado corazón, mi amada Teresa. Para terminar, una última gracia este preso desea pedir: Es mi voluntad en esta celda el resto de mis días vivir. Arroja a lo más profundo del mar la llave de la cerradura, pàra por siempre permanecer junto a tu alma pura. TE QUIERO, TERESA 
© Nilo-Enrique Todos los derechos reservados |