Desde la soledad del exilio buscado, el alma se angustia y el corazón entristece. La distancia de todo aquello que he creado y amado, clava puñales de aislamiento en mi interior y mi vida poco a poco se empobrece. Mi corazón se ha convertido en un bosque desolado en el que no veo germinar las flores que he sembrado, y un frió y gélido invierno en mi corazón permanece. La lejanía de mis raíces, de mi gente y de todo lo que con el tiempo he logrado, tiñe de sangre mis sueños y mis deseos desaparecen. La soledad de la distancia, la alegría te va apagando, y sin darte cuenta te sensibilizas y a la vez te endureces. Entonces te das cuenta que La tristeza a tu puerta se ha postrado, Y tú, tú, no la querías ni la habías llamado! Quiero decirle a esta gélida compañía, que no me de su mano, que aunque lejos de los míos, en mi corazón un hogar he creado, y que cada día les despierto con el beso que mi memoria no ha olvidado. Porque mi corazón a todos sigue amando. 
© Suspiro-Teresa 10/09/2006 Todos los derechos reservados |