Han llegado a mi mente aquellos bellos recuerdos, aquellos años dorados en los que los tenía en mi regazo, cuando me abrazaban sin más, y llenaban mi rostro de besos. Recuerdo el dulce olor de su piel y su pureza, como sonreían cuando les reía sus travesuras, y cómo, cada noche, mi beso les llevaba a cerrar sus ojos, alcanzando así un tranquilo sueño. Y cuando, por la noche, tenían miedo y me llamaban, me sentaba en el suelo, entre medio de sus caritas, cogía con mis manos sus pequeñitas y suaves manos, y esperando a que se durmieran, mucha veces, entre sus manos me despertaba yo. Estaban seguros, protegidos y alegres, ¡Cómo me gustaban sus risas y sus chiquilladas! ¿Y cuando estaban enfermos? Ufffff…. Mí oído toda la noche les velaba, y mis manos les hacían caricias y, a la vez, les cuidaban. Recuerdo que cuando hacían algo malo, como hacen todos los niños, el castigo que más les dolía era que les negara ese beso de buenas noches, que ellos tanto deseaban. ¡Qué tiempos tan bonitos y, a la vez, tan lejanos! Hoy, a pesar del tiempo transcurrido, aún recuerdo algunos de aquellos pequeños detalles que, en aquellos momentos, de mi sonrisa se escaparon. Hoy, que mi rostro de surcos de vivencias se va llenando, y que mi sonrisa sin ellos se va apagando, al recordar aquellos maravillosos años, las líneas de mi rostro, de alegría, se fueron colmando. ¡¡¡Hoy fui feliz RECORDANDO!!! 
© Suspiro-Teresa 14/10/2006 Todos los derechos reservados |