
Me he aprendido de memoria cada uno de los rasgos de tu cara, para llevarlos cada noche a mi almohada y acariciarlos en las noches desveladas. Noches desveladas, a partir de ahora, por el amor sin fin, que no por la gélida y umbría soledad. Tu almohada, en adelante, será el cuerpo de este enamorado querubín, que inundará tu cama de amor, pasión, ternura, calor y paz. Desde hace un año duermo acompañada, de tu silueta o de tu cara, y si alguien me pidiera que, sin mirar, la dibujara, de mis manos saldría la belleza de tu alma. Manos que dibujan mi cuerpo con trazos divinos, cara que sonríe al contemplar, al abrigo de tu compañía, esos pinceles que en mi ser trazan, ágiles, felinos, la pintura que cubre mi alma de cálida y fértil alegría. Dime que pócima de amor tus besos me han dado, que pasan los meses, mi amor, y mi corazón esta mas enamorado. Pócima poderosa tus labios han probado, con mágicos componentes su conjuro invocado, por el cual embrujo inquebrantable ha sido forjado, el de la felicidad sin fin, el del amor apasionado. Pero dime también si antídoto has creado, porque quiero que me lo des, para ir a derramarlo después a esos sufridos pies de mi virgen de los desamparados. Mas no hay, en este mundo, antídoto o poción alguna, que rompa este embrujo por el amor creado, pues no hay ni habrá jamás, por fortuna, unión mas fuerte y duradera que la de un corazón enamorado. 
© Suspiro y Nilo Todos los derechos reservados |