Paquita, hoy mi verso quiere demostrarte,

que hay un sinfín de razones para que yo te quiera.

Eres el verbo sensato que me escucha y que me calma,

porque tu palabra, aunque a veces duela, es leal y sincera,

eres la amiga que cualquiera espera.

 

Hace tiempo que te añoraba, me faltabas,

y ahora comprendo todo lo que tus labios callaban.

Tenías un dolor profundo en el fondo de tu alma.

Te arrancó la vida, de nuevo,  al hombre al que amabas.

Y tu llanto, que gritaba mil palabras,

no quiso preocupar más a esta amiga que te ama.

 

¡Ay amiga de mi corazón y mi alma!

Cuántas vueltas dio la vida, cuántas lágrimas por las dos derramadas.

Mis problemas y mi partida, tal vez, callaron tu tristeza,

y eso sólo lo hace quien de verdad ama.

 

No lo vuelvas a hacer,

porque cuando a una amiga, la vida le da la espalda,

la otra debe extenderle la mano para que no caiga.

 

¡Ay Paquita de mi alma!

Si supieras cuánto te quiero nunca me ocultarías nada.

 

Teresa-Suspiro

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