
Durante estos crueles meses, ese Dios al que yo me aclamaba pidiendo por ti, ese Dios, me hizo ver cosas que yo, y muchos de los que te amamos, no esperábamos. Vimos a una mujer que se hacía fuerte ante a la enfermedad, demostrando así su gran valentía. Cuando esperaba que desfallecieras ante la adversidad, tú, con gran serenidad, me regalabas la más bella de tus sonrisas. Cuando creí que no podrías seguir adelante, me dejaste perpleja al ver que, en los más difíciles momentos, la serenidad de tu rostro en mi corazón se tornaba poesía. ¡Has sufrido mucho, madre mía! Más allá de lo que yo creía, pero has sido un ejemplo para los demás, y esto se quedará en nuestro recuerdo para toda la vida. Le doy las gracias a Dios por dejarte a mi vera, preciosa mía! TE QUIERO MAMÁ, aunque no te lo diga todos los días.  Tere-Suspiro 27/07/2007 Todos los derechos reservados 


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