Dicen que el honor, la lealtad y la bondad, o los traes cuando naces o nunca los conseguirás. Y este maravilloso hombre con gallardía lo llevó hasta su final. Amigo de sus amigos, un compañero sin igual, padre ejemplar de unos hijos que, con locura lo amaron, y con inmensa ternura lo cuidaron, hasta que Dios se lo quiso llevar. Nunca a sus enemigos pudo perdonar, más no por maldad, odio o rencor, sino porque nunca los tuvo, este hombre sin par, cuyo corazón un único sentimiento albergó, el amor. Marido primorosamente galante que trató con amor, dulzura, respeto y esmero a la mujer con la que durante tantísimos años, compartió todos sus afanes y desvelos. En sus últimos días sangre extraña corría por sus venas, pues ya su cansado cuerpo no la podía producir, más de inmenso amor siempre seguían llenas, eterno caudal que nunca se cansaba de repartir. Nunca un hijo más valiosa herencia pudo recibir, que la que este maravilloso padre ha legado. Con este infinito amor que siempre nos has regalado, felices el resto de nuestra existencia podremos vivir. Yo hoy, aún siendo mujer, me quito el sombrero, ante este galante y buen caballero que, aunque ya muy enfermo..., A mi aún me dio su ternura y cariño, sin recelo. Y por ese su buen hacer y su inmensa grandeza, segura estoy de que repartiendo flores, cariño y besos... Está en el Cielo!!!  
© Suspiro y Nilo
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