Perlas pulidas con mimo por blanca arena,

espejos que reflejan radiantes el azul Mediterráneo.

Calma mar, sosegada marea es tu sonrisa serena,

concha nacarada que en su seno acoge este amor foráneo.

 

El poderoso y cálido astro rey alimenta tus ríos.

cauces de roja pasión que evaporan mis desventuras.

Playas de porcelana donde enterrar mis febriles delirios,

inacabables paisajes que siembran de color mis pinturas.

 

Chispeantes y jugosos son tus redondos frutos,

cítricos bocados donde aplacar mi sedienta ansia.

Manantiales de vida tus cordilleras abruptas,

deseos de renacer y volver a alimentar mi infancia.

 

Y aquí este intento de poema, pobre sucedáneo

que pretende explicar las raíces de esta tierna doncella,

entre todos los frutos de su tierra, la más bella,

que como bien dijo Serrat, nació en el Mediterráneo.

© Nilo -Enrique 26/04/2005

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