Fui el caudal de su río,

calma para la tempestad de su alma.

 

Fui quien llenó el vacío,

de la soledad de su mundo entristecido.

 

Fui quien le dio el calor,

del que carecía su corazón dormido. 

Fui y fuimos amantes sin destino.

 

Pero sólo fui...¡Ya no soy nada!

Hoy soy yo, la que tiene el alma,

fría, vacía y helada...

Porque sin él no soy nada.

 

©Suspiro-Teresa

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