
Mis ojos cristalinas lágrimas ayer derramaron, más no de dolor, tristeza, pesar o desatino. Perlas de alegría y amor, de mí, profusamente manaron, al recibir tan preciado tesoro de mi amada, mi ángel, mi destino. Tesoro hecho poesía por un corazón de amor sangrante, sangre que de tus labios de miel beberé mientras viva, bermellón alimento de mi sed por ti anhelante, savia que alimenta la rosa blanca que, en mi ser, anida. Rosa blanca que mi corazón, con su cálido aroma, ilumina. Candor polinizado con el fruto de esta flor tan bella. Fértil muestra de pureza que, en mi persona, germina, alumbrando mi amor cual fulgurante estrella. Estrella que, a mi existencia, felicidad ha llevado. Sol de mi vida, geiser de ardiente pasión, lucero del alba que mi oscuridad ha despejado, con su perenne bondad, amistad y comprensión. Nunca me había sentido tan profundamente amado, cuidado, besado, acariciado y abrazado, por una bendita flecha certeramente alcanzado. Tu amor, querida Teresa, mi vida de fortuna ha llenado. Por todo ello, aquí, ahora y siempre, TE AMO. 
© Nilo-Enrique 28/04/04 Todos los derechos reservados |