Doradas espigas que ondean al viento,

fulgurantes soles que mi gelidez acallan,

caricias de miel que embelesan mi aliento,

cantos de sirena que mi razón encallan.

 

Así es tu impoluta y nívea tez,

que mis sedientos labios beben con avidez.

 

Manantiales blancos que alimentan la vida,

cimbreantes curvas que envuelven mis pasiones,

alas sutiles que amortiguan mi caída,

generoso motor que acuna mis emociones.

 

Así es tu sinuoso y embriagador talle,

que mis hambrientas manos esculpen al detalle.

 

Fuertes y, sin embargo, delicadas raíces,

bastones en los que se apoya mi desidia,

bailarines juncos, que esconden, felices,

en lo más cálido de su ser, la más bella orquídea.

 

Así son tus ágiles y marmóreas piernas,

que mis chispeantes ojos recorren cual linternas.

 

Piernas, tez y talle.

Hermoso el conjunto, hermoso cada detalle.

 

Así es tu cuerpo, tesoro dorado,

por este, tu esclavo, fervientemente amado.

 

© Nilo-Enrique 4/10/2005

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