A mi hija Laura en el día de su treinta y un cumpleaños con todo mi amor.

Quien iba a adivinar que, bajo aquellos dulces aromas de jazmines,

se estaba formando una mujer fuerte y luchadora,

a la que todavía se le dibuja aquella sonrisa, alegre y picarona,

de la niña que ocupó todo mi ayer, mi hoy y mi mañana.

Tú has llenado muchas páginas del libro de mi vida,

hojas limpias y puras dedicadas a ti con toda el alma.

 

Desde el jardín dorado que da la experiencia de mi avanzada edad,

he de decirte que no hay tesoro más grande que tú para mí,

con esa sincera sonrisa que me da felicidad,

sonrisa que está guardada en un cofre de cristal,

para que me siga iluminando más allá de lo real.

 

Ahora comienza la aventura de una niña hecha mujer y llena de mañanas

que, poco a poco, ira escribiendo el libro de su vida,

 poniendo rumbo directo hacia el que será su destino,

y que espero te lleve a ser mejor que yo.

 

Hoy quiero abrazarte con los brazos y también con la mirada,

para poder dibujar con mis ojos tus hermosas alas

y escribirte, con cada uno de mis versos,

 el más grande y hermoso de los cuentos de hadas.

 

© Suspiro-Teresa 12/7/2009

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de Richard Clayderman

 

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