| 
Espigado Quijote de océanos y mares, altivo combatiente ante huestes abisales, estrella que ahuyenta oscuridad y pesares, perro guía en la ceguera de nuestros andares. Monumento al soldado desconocido, héroe de continuas y cruentas batallas, soldado sin medallas condecorado, socorrista en ténebres y abruptas playas. Así eres tú, mi solitario guerrero, siempre fiel, perenne cancerbero, oteando nuestras vidas con tu ojo certero, guiando nuestro viaje en este navegar traicionero. Yo, gracias a ti, en el mar del desamor no he encallado, y por fin mi corazón tierra firme ha pisado. Hoy, con tu ayuda, en el más bello valle estoy asentado, y puro y hermoso amor con tu luz he cultivado. ¡Gracias por ser mi faro, mi amada Teresa! 
© Nilo-Enrique Todos los derechos reservados |