Érase una vez, muchos años atrás, que moraba, en un lejano poblado, un simple y normal campesino. Era su vida monótona, corriente con los quehaceres del día a día. Sólo un detalle distinguía a este campesino del resto de la gente que moraba en el poblado. Sin que nadie lo supiera, años ha, una malvada bruja intentó ganarse los favores del campesino y, ante la negativa de éste, le maldijo con un despiadado hechizo, envolviendo su corazón en una burbuja de plástico, y haciéndolo así inmune a todo atisbo de sentimientos. Este hechizo era sumamente cruel, pues nada ni nadie se daba cuenta de la desgracia del pobre hombre, ya que sus cadenas, que impedían pudiese dar o recibir amor, no eran visibles. El único rasgo que diferenciaba al campesino del resto del poblado, era la ausencia de sonrisa en su rostro. Más la gente pensaba que, si el hombre no sonreía, era por su mal carácter, y por su arisca actitud ante la vida y hacia los demás. Un día, apareció por el poblado una gentil paladina del amor y la justicia, buscando reposo y alimento para su corcel. Era ella como el sol que aparece en medio de la niebla, pura y grácil como la más bella de las blancas rosas, irradiando calor y bienestar allí por donde pasaba. Y quiso Dios que, por obra y gracia del destino, la paladina y el campesino cruzaron un instante sus miradas, más cada uno siguió luego su camino sin reparar en ello. Sin embargo, al día siguiente, y aunque ya lejos del poblado, la paladina recordó la fría mirada del pobre lugareño y, algo en su interior, le alertó del sufrimiento de ese hombre. Pasaron los días y, aun en la distancia, la bella mujer siguió rememorando esa triste mirada, y decidió volver en su busca. Cabalgó y cabalgó, desafiando vientos y lluvias, hambre y sueño, bandidos y alimañas, más nunca desfalleció, pues algo en el fondo de su corazón la llamaba sin pausa, intuyendo que algo malo pasaba en el fondo de esa fría mirada. Al cabo del tiempo regresó al poblado. El campesino, gélido por su hechizo, seguía con la monotonía de su vida, sufriendo en silencio aquella maldición que, aunque no dolía, petrificaba su corazón. Buscó y buscó la paladina y, al fin, lo encontró. Se acercó a su lado y le habló con cordialidad, pero sólo recibió una fría indiferencia por respuesta, sin que aquel hombre mostrase interés o sentimiento alguno por ella. Cualquier otra persona, en su caso, hubiera desistido y abandonado el poblado, pues mucho luchó solo para recibir ese impasible trato. Pero ella no desfalleció, pues seguía pensando que algo extraño pasaba con ese miserable truhán y, con todo el cariño que su corazón albergaba, le sonrió, miró a sus ojos, y con delicadeza rozó su mano. De repente, un gesto del lugareño asustó a la bella paladina, pues sus ojos se desorbitaron, su tez comenzó a enrojecerse, y su cuerpo comenzó a temblar descontroladamente. Más, de repente, el hombre tranquilizó su gesto y, por primera vez en mucho tiempo, tanto que ni el mismo lo recordaba, dibujó un agradecida sonrisa en sus labios. Esta hermosa mujer, con su simple, pero sincero gesto, había conseguido romper el hechizo que tanto tiempo atormentó al campesino. Y esto fue así, porque el hombre, por primera vez en su vida, recibió la más valiosa de las fortunas que nadie pueda desear, el tesoro del sincero y apasionado amor. Lo que este simple relato quiere decir, es que no hay hechizo, distancias ni barreras, que impidan que el verdadero amor tenga lugar, y que este sentimiento es el más preciado don que una persona pueda dar y, sobre todo, recibir. Seis años han pasado desde que la hermosa paladina fijó sus ojos en este simple campesino. Seis años de absoluto amor, de pura felicidad, seis años de plena dicha, de risas y lloros, de complicidad y deliciosa compañía. Seis años hace desde que he vuelto a la vida. Seis años que no son sino un solo segundo de mi existencia a tu lado, grácil paladina, pues es mi deseo pasar junto a ti, no seis, sino todos y cada uno de los años que quedan de mi, ahora, esperanzado y feliz transitar por este mundo. TE QUIERO, TERESA, MI PURA Y BELLA PALADINA!!!!!!!!!!! 
© Enrique-Nilo 5/12/2009 Todos los derechos reservados |