Cuando noche y día unen sus cuerpos, gestando un nuevo amanecer, tú y yo nos fundimos en cálido abrazo, creando un sólo ser, un único sentimiento, una amorosa rosa que no cesa de crecer. Y cuando noche y día se recogen formando un nuevo anochecer, tú y yo nos cobijamos en la pirámide de nuestro querer, un sólo cuerpo, un mar bravío que apagará nuestra sed. Sentimiento inmune a la erosión del tiempo, deidad reverenciada al calor de mi templo, milagroso ungüento que cura mis llagas abiertas, cuando cada día, junto a mi, abres los ojos y respiras.
Amor protegido por las hadas que llevo dentro, duende venerado en el altar de mi pensamiento, prodigioso sustento que a la musa de mi poesía inspira, cuando cada noche, junto a mi, cierras los ojos y dormitas.  |